Es un hecho conocido que se remedian más fácilmente las debilidades de constitución que los defectos de carácter ¿Qué digo? Éstas últimas el jinete sólo podrá entenderlas si logra meterse en el pellejo de su alumno de cuatro patas. Un buen jinete debe ser también un buen psicólogo.

 

Jamás hay que utilizar la violencia para que un caballo perfeccione sus capacidades; sino alternar con delicadeza exigencias y recompensas; multiplicar los cumplimientos y reducir los castigos.

 

 

Cuanto más hierro haya en la boca del caballo, más lejos se está del arte.

 

 

Si se logra que el caballo tome el paso que él adoptaría a su voluntad cuando despliega su belleza, aparecerá alegre y magnífico.

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